Una experiencia de Voluntariado en Ecuador.

Mi voluntariado fue realizado a través de Enfermeras para el Mundo, ONG que pertenece al Colegio de Enfermería y la cual esta ubicada en Madrid.

El motivo de mi voluntariado fue que desde hacia tiempo quería dedicarme al mundo de la Cooperación, cosa que descubrí que no era tan fácil, ya que los requisitos  que piden las ONG son muchos e inalcanzables, para  alguien  como yo, que nunca había tenido experiencia previa con ellos.

Enfermeras para el mundo da la oportunidad de conseguir experiencia en el terreno, para luego poder intentar participar en el mundo de la cooperación.

Tuve que realizar un curso de cooperación con ellos, el cual consistía en realizar tres talleres de fin semana en la península. Los gastos de los pasajes iban a mi cargo, al igual que el pago de los tres cursos, alojamiento y comidas.

Al finalizar el segundo taller, Enfermeras para el Mundo nos comunicaba si estábamos aceptados y cual era nuestro destino. En mi caso, fue Ecuador, y más preciso en la provincia de Manabí. El tiempo de permanencia lo elegía yo, y en mi caso fue de un mes.

Tuve que pedir un permiso sin sueldo para poder realizar mi voluntariado en Ecuador, ya que era la única manera de poder hacerlo fuera de mi periodo vacacional.

En Noviembre, llegué a la provincia de Manabí donde me recibieron los encargados del proyecto ó contraparte. Era un matrimonio formado por un español y una guatemalteca, ellos llevaban como unos 20 años viviendo en el país, y estaban dedicados exclusivamente a la lucha  contra  la pobreza y a la desigualdad de género.

 Hacía 16 años que habían empezado a organizar a las mujeres manabitas, las cuales vivían en comunidades donde el grado de pobreza y machismo eran muy alto. Todo comenzó, por agrupar a unas cuantas mujeres y formarlas como lideres para dirigir a su comunidad, luego fueron uniéndose más y más, y formaron la organización de mujeres de Santa Marta, la cual hoy en día es una fundación que cuenta con unas 5000 mujeres manabitas.

El comienzo, según cuenta, fue duro ya que no contaban con la ayuda de los maridos de estas mujeres, los cuales se oponían a que ellas asistieran a los talleres de formación. A medida que transcurría el tiempo iban ganando su confianza, y con ello la autorización para que ellas asistieran. En todo momento estuvieron apoyados por la Archidiócesis de Puerto Viejo, los cuales les financiaban algunos proyectos y les daban un toque de seriedad, en una sociedad mayoritariamente católica.

 Hoy en día, a parte de tener unas 50000 socias cuentan con un centro de acopio (supermercado), un centro de formación profesional, una casa de salud, un fondo monetario, y varios proyectos de producción y formación. Su ideología es la de autogestión, ya que creen que nada debe ser regalado, y que el pobre  sobre todo, debe tener dignidad para trabajar y ganar lo que necesita. El precio de sus productos es a mucho más bajo precio que los del mercado. Debo de reconocer que en la práctica esto les ha resultado, ya que cuentan con una organización estructural y económicamente sólida, que ha favorecido a sus socias y a sus respectivas familias.

Yo colabore en un proyecto de formación de promotores de salud, dirigido al parto y post parto. El proyecto se dividía en dos fases, una era la de formación teórica del programa, en la cual se les enseñaba a chicas de las comunidades los conocimientos mínimos para detectar signos/síntomas de alarma a las mujeres embarazadas de su comunidad, durante el embarazo, parto y post parto y derivarlas al hospital para un seguimiento por profesionales. Al igual que también se les proporcionaba conocimientos para asistir un parto en su comunidad, en caso de no haber tiempo  de llegar al hospital. En nuestra sociedad es alarmante, pensar que personas que a veces no tengan ni estudios básicos, sean preparados para actuar de agentes de salud, e incluso atender un parto en caso de urgencia. No obstante, mirado desde allá, es una forma práctica de paliar la dura realidad de esta gente, los cuales muchas veces no pueden acceder al hospital, bien por las malas condiciones del  tiempo, o tan solo por que no tienen dinero para pagar los gastos generados por todo el proceso.

La segunda fase, y en la cual participe yo, consistía en la parte práctica. Ellas acudían a observar las visitas por las mujeres embarazadas al centro de salud, al igual que también acudían a la maternidad para observar los partos y así tener una idea más práctica.

  Al final, y una vez de regreso a España puedo decir que fue una experiencia única, e irrepetible.  Que se lo recomiendo a cualquier persona que quiera tomar contacto con la realidad del tercer mundo, y sobre todo a aquel que quiera vivir una experiencia enriquecedora, sobre todo a nivel personal.

 Por ultimo, decir que si alguien quiere vivir esta experiencia de voluntariado en Ecuador, pueda hacerlo por medio de la Asociación Manabí, de Madrid (Plaza Seis de Diciembre, nº 7, 1º C, 28044, Madrid. Tel 915085725).

 

Fany Barreto Martel

Matrona, H. Materno Infantil, Las Palmas.